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7/3/14

Sánchez Bejarano, torero de culto





Agapito Sánchez Bejarano (Colmenar de Montemayor, Salamanca, 1944) es torero de culto. Un torero para el recuerdo. Una pasión. Magnífico con el capote, torero de muñecas “partías”. Profundo, hondo muletero. Y sensacional con la espada. Un gran artista en el más amplio sentido de la palabra.

Un torero que no llegó a figura –ni falta que le hizo– y que hay que rescatar del olvido. Su empaque y torería son motivos suficientes para llenar páginas de la historia, de una tauromaquia que él hizo grande.

De novillero deslumbró en Madrid. En Las Ventas se presentó el 19 de marzo de 1967 y cortó una oreja. Repite el 1 de mayo y corta una oreja de cada uno de sus novillos con la plaza casi llena. El jueves 4 de mayo con novillos de Murteira Grave corta una oreja del segundo y las dos del quinto. Un triunfo irrebatible. Seis orejas en tres tardes, lo que le lleva a tomar la alternativa en plena feria de San Isidro, el día 20 de mayo con El Viti de padrino y José Manuel Inchausti “Tinín” como testigo. Fue ovacionado en los dos toros de Francisco Galache.

Repitió el día 25, en una corrida que pasó a la historia. Rafael Ortega, el torero de la Isla, cortó dos orejas tras realizar una de las mejores faenas que se han visto en Madrid, y Curro Romero fue detenido al negarse a matar el quinto toro. Sánchez Bejarano cortó la oreja del tercero. Vuelve a Madrid el 6 de julio para matar la Corrida de la Prensa, con Tinín y Paquirri. Cortó una oreja.

A pesar del gran ambiente que rodea al torero salmantino “sólo” torea 20 corridas en esta su primera temporada. Recuerdo la gran tarde que dio en la feria de Málaga, el 6 de agosto, con toros de Pablo Romero. Le acompañaron en el cartel Gregorio Sánchez y Miguelín, que cortó cuatro orejas y dos rabos. Agapito cortó una oreja del tercero y las dos del sexto. Aquella tarde brilló en La Malagueta el torero de singular empaque e impar elegancia, además de inspirado. Imborrable la primera faena al “pablorromero”.

De poco le valió. En 1968 Sánchez Bejarano toreó 16 corridas de toros, ninguna en Madrid. Su carácter indomable, su bohemia, su independencia y también su orgullo de torero le perjudicó.

Los mezquinos intereses del taurinismo casaban mal con la clase del torero.

En 1965 vuelve a Madrid donde toreó cuatro tardes. El 6 de abril dio una vuelta al ruedo. El día 20 del mismo mes mata toros de Victorino Martín. No torea en la feria de San Isidro. El 18 de septiembre torea de nuevo “victorinos” y corta una oreja al quinto, sobrero de María Cruz Gomendio. El 28 de septiembre toreó de nuevo, esta vez, toros imposibles de García Romero. Acabó la temporada con doce corridas toreadas.

A Madrid no vuelve hasta 1972. En 1970 toreó 8 corridas y 6 el año siguiente. Para colmo sufrió graves percances. En 1972 torea en Madrid el 7 de mayo y corta las dos orejas del cuarto toro perteneciente al Conde de Ruiseñada. Es una de las mejores faenas de la temporada en Madrid. No torea en San Isidro al estar cerrados los carteles, pero sí torea cuatro tardes más. El 9 de julio cortó una oreja de a un toro de Miguel Zaballos, el 16 mató toros de Cuadri. El 6 de agosto triunfa –una oreja– con toros de Moreno Yagüe.

Toreó en la por entonces muy prestigiosa plaza de San Sebastián, en la Semana Grande donostiarra y corta dos orejas a un pablorromero el día 10 de septiembre. Torea en Madrid y da una vuelta al ruedo. Ese año suma 14 corridas.

En 1973 torea 12 corridas, cinco de ellas en Madrid. El 22 de abril la primera, con reses murubeñas de Félix Cameno. En San  Isidro torea el 31 de mayo, toros de Miura. El 18 de julio hace una gran, grandiosa, faena a un toro del Marqués de Albaserrada. Cortó una oreja, que debieron ser dos. Esta faena la brindó al público desde los medios con una especial dedicatoria a la andanada del ocho.

Fue una faena de arte –sobre todo con la izquierda–, valiente, era un torazo el del marqués, y dominadora –casi toda fue en los medios. Junto a la del toro de Ruiseñada, la mejor de Agapito en Madrid. El 16 de septiembre toreó la corrida a beneficio de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por la del Montepío. Alternó con Antoñete y Dámaso Gómez y toros de Murteira Grave. Dio la vuelta al ruedo en el sexto. El domingo siguiente, 23 de septiembre, cortó una oreja a un toro del Pizarral.

Hasta seis tardes toreó en las Ventas, en la ya “su plaza de Madrid”, en 1974.
Siete corridas toreó este año. Comenzó la temporada el 14 de abril. Toreó en la feria de San Isidro el 13 de mayo –toros de Bohórquez y Andrés Hernando– el torero segoviano, ya de retirada, y el valiente torero de Cuenca Curro Fuentes. Bejarano dio la vuelta al ruedo a la muerte del segundo. El 21 de julio cortó su última oreja en Las Ventas, a un toro encaste Vega-Villar de Justo Nieto. Faena en la que volvió a brillar su extraordinaria calidad, su empaque, su clase. Toreó de nuevo el 28 de julio, el 1 de septiembre y el 27 del mismo mes.

Comienza, a pesar de sus incontables detalles, una larga decadencia. Torea muy poco y Madrid –siempre Madrid – es su único refugio. En 1975 torea cuatro corridas, las cuatro en Las Ventas, y sin ningún éxito. Mató toros de Victorino Martín en la feria de San Isidro junto a Dámaso Gómez y Miguel Márquez.

En 1976 torea dos corridas, una en Madrid el 25 de abril. En 1977 no torea.
En 1978 torea seis corridas, cinco en Las Ventas. Reaparece el 7 de mayo ante toros de Campos Peña. Vuelve a torear el 18 de junio ante terroríficos toros de Luciano Cobaleda. El 16 de julio da una vuelta al ruedo, tras una faena de su corte, de su buen corte, elegante trasteo –sin ligazón por la condición del toro de Camaligera– culminado de excelente estocada.
El periodista José Luis Ramón –admirador confeso de Bejarano–  lo describe así: “En la suerte suprema era un auténtico artista. Recuerdo su seriedad en la preparación, cómo adelantaba la muleta y la pierna, cómo daba el pecho y, finalmente, cómo se reunía con el toro, con auténtica clase”.

Volvió el 20 de agosto y cerró la temporada el 15 de octubre. En estos últimos festejos se vio a Sánchez Bejarano con el ánimo decaído. 1979 fue su última temporada como matador de toros en activo. Toreó una sola corrida, por supuesto en Las Ventas, y por supuesto con una ganadería difícil, sin garantías, como era la de García Romero. El festejo tuvo lugar el 7 de octubre y el cartel lo completaron los modestísimos “Rayito de Venezuela” y Curro Méndez.

Sánchez Bejarano comenzó a torear de becerrista en 1962. En 1963 debutó con picadores en Navalcarnero (Madrid). En estos primeros años fue su mentor Pepe Mirabeleño, el padre del gran torero Juan Mora, y luego le apoderó Manolo Escudero, el torero madrileño, artífice del toreo a la verónica.

De Manolo Escudero hereda Bejarano la magia de su verónica y también su elegancia, su estética, su extraordinaria majestuosidad con la muleta. Bejarano, Agapito Sánchez, nacido en Colmenar de Montemayor, pueblo serrano, cercano a Béjar, el taurinísimo
 Béjar, del que tomó su nombre, se hizo torero en tierras cacereñas.

En 1965, el 5 de septiembre, cortó un rabo en Valencia. En 1966 toreó 35 novilladas y deslumbró en Sevilla el 11 de septiembre, la tarde de su presentación, en la que cortó las dos orejas a un novillo. Luego, al año siguiente, 1967, vino lo de Madrid.

A lo largo de su carrera como matador toreó 35 corridas en Las Ventas y cortó diez orejas. En el recuerdo quedaron, como también aquella de Málaga, la bella, y aquella otra en el viejo coso de “El Chofre”, en San Sebastián, la “bella Easo”, y ambas fueron con toros, bellos toros de Pablo Romero.

Recuerdo también con especial emoción un festival en la madrileña plaza de Vista Alegre, barrio de Carabanchel. Cortó dos orejas tras magistral faena. El festejo celebrado el 25 de octubre de 1977 fue a beneficio del sindicato Comisiones Obreras. Tiempos difíciles, pero allí estaba el hombre acostumbrado a toros difíciles, y a tiempos difíciles, a dar la cara, como siempre, allí estaba el hombre, el hambre y el torero, ¡el gran torero!

Agapito Sánchez Bejarano ha sido uno de los toreros de mayor calidad estética de su época. Por eso, sólo por eso, tiene escrita una página con letras de oro en la historia del toreo. Sí. En la historia del toreo.

22/5/12

Del Toreo


                                  

¿ Es el toreo un deporte brutal ?.Si.¿ Y cómo puedes disfrutar del toreo si lo  consideras  un deporte  brutal ?
Comencemos. El interés por el toreo nace con la infancia y es una metáfora  de la vida. Como bien dice el filósofo Victor Gómez Pin:”la escuela más sobria de  vida”.
Un torero , como también un boxeador, “ es “ su cuerpo y debe estar totalmente identificado con él. El torero uncido a su cuerpo y también al alma. Se torea como se es. Con cuerpo y alma. Así cuando surge el arte en cada lance se te va la vida.
Cada corrida de toros, cada faena es una historia, un drama único e irrepetible, incluso cuando no ocurre nada. El torero sabe, como pocos, el poder físico y psíquico que poseen.
Hay toreros poseídos de una intuición extraordinaria, misteriosa, inquietante. Son aquellos  que conocen el misterio y lo dicen. Esos toreros que nos han conmovido hasta las lágrimas. Toreros como los Gallo, José y Rafael, los Gitanillos de Triana, Francisco y Rafael, Cagancho, Curro Romero y Rafael de Paula. Y añadamos a Pepe Luis Vázquez, a Curro Vázquez y a los tres Antonios: Bienvenida, Ordoñez y Chenel “ Antoñete”.
En estos tiempos con tantos toreros que actúan con destreza, de diestros habilidosos pero  mecánicos, ajenos a cualquier improvisación, sin respuesta al - o a los- cambios del toro. Sin talento, siquiera para atisbar el ánimo del público. Ante esta plaga de estilo, quiero contemplar la cordura puesta del revés: la locura.
Locura revelada como la forma más elevada de la  cordura. Pongamos que hablo de José Antonio Morante Camacho, ”Morante de la Puebla”, que hablo del toreo.




7/12/11

Manolo Sánchez. Adiós Torero


Manolo Sánchez, el fino torero de Valladolid, se retiró de los toros el pasado 15 de Octubre, festividad de Santa Teresa, en Ávila. Retirada triunfal con salida a hombros tras cortar una oreja a cada toro. Manolo Sánchez ha sido fiel a su estilo hasta el último día.
Desde su época de novillero incluido su deslumbrante debut en Madrid. La Plaza de Las Ventas se entregó sin reservas a su toreo con el capote, a la verónica. Manolo Sánchez, ese día, elevó un monumento al clasicismo.
Fue el 20 de Junio de 1991, en el sexto novillo de la tarde, de la ganadería de Caridad Cobaleda. Un ramillete de excepcionales verónicas que pusieron en pié a los tendidos. Un prodigio: tras una faena, sin especial, relieve, el público le premió con la vuelta al ruedo. En Madrid es más difícil dar una vuelta al ruedo que cortar una oreja.
Repitió, con gran éxito, el 27 de junio. Un novillo de Peñajara y otro de Caridad Cobaleda. Oreja en cada uno y Puerta Grande. Manolo Sánchez, de casi desconocido, pasó a novillero puntero. La prensa lo definió así: “Lleva dentro un torero de arte exquisito”.
Tomó la alternativa en Valladolid en 1992, el 22 de Septiembre, con Roberto Domínguez, de padrino y Espartaco, de testigo. Confirmó en Madrid el 12 de Mayo del 93 con Manzanares padre y Fernando Cepeda. Manolo Sánchez, como muchos superdotados del toreo, optó por lo fácil y se empleó poco. Así fue que dejó de interesar a la afición más docta, aunque su gran clase siempre quedó intacta.
De vez en vez se sacudía la maldita apatía y su toreo deslumbraba de nuevo. En los últimos años se dejó ver con cuentagotas. En esta despedida demostró Manolo Sánchez aquello del que tuvo –calidad- retuvo. Bellísimos lances a la verónica, poderosos y artísticos doblones por bajo, empaque y temple en sentidos muletazos, detalles de pinturería, inspirados remates. En fin. El toreo eterno.
Se despidió Manolo Sánchez, un artista singular. Adiós torero.

2/11/11

Alberto Álvarez. El torero tapado.



Alberto Álvarez, el torero aragonés de las "Cinco Villas", ha sido el triunfador de la Feria de Zaragoza. El Torero Tapado, que apenas torea, se encontró, en la Feria del Pilar, con dos buenos toros de Bañuelos , y surgió el toreo eterno, el clásico.

Alberto Álvarez, el torero natural de Ejea de los Caballeros, capital de las Cinco Villas, es el heredero natural de Miguel Peropadre, "Cinco Villas": aquel torero que encandiló en Madrid en los años setenta. Era Miguel un torero valiente y seco. Un torero cabal. Su toreo estático y estético cautivó a la muy madrileña plaza de Carabanchel, la conocida como "Vista Alegre" y popularmente como "La Chata". Fue mucho torero Miguel Cinco Villas. Alberto Álvarez, torero tapado, torero de culto, no un clásico torero aragonés, torero macho. Domina con el capote las suertes fundamentales: la verónica y la media verónica. Y con la muleta es torero canónico, sin concesiones. El toreo fundamental, clásico, bien hecho, natural. Realizado con quietud y elegancia . Estético y estático. Bello, hermoso, hondo, profundo.

Desde sus comienzos - fue finalista del prestigioso Bolsín de Ciudad Rodrigo - marcó un estilo sobrio, sin concesiones, seco, puro. En Madrid triunfó como novillero. En su tierra ha escrito hermosas páginas, firmadas faenas de altos vuelos, en plazas como Ejea o Tarazona. Apuntó su arte en la Misericordia de Zaragoza.

El pasado 8 de octubre, por fin abrió la Puerta Grande del histórico coso de Pignatelli. Cuajó dos buenos ejemplares de Bañuelos, los burgaleses astados de Hontomín, los célebres "toros del frío".

Se destapó el torero tapado: Alberto Álvarez.

Feria de Otoño 2011. "Triste y penoso final de Feria".

Tauromaquia.Picasso

Acabó la Feria de Otoño. Resultado previsible. Carteles ramplones, sin imaginación. Salvo el mano a mano de Fandiño y Mora.
El primer “Adolfo” de pavorosas defensas cogió de malísima manera al banderillero José Mora. Un toro pregonao que sembró el pánico de salida. Rafael Rubio “Rafaelillo” no se amilanó, le plantó cara con hombría y solventó la papeleta con torería. Mató de hábil espadazo. Recogió una ovación de gala, protestada por lo irreductibles zorrocotrocos.
En el cuarto, de impresionante trapío, Rafaelillo sacó a relucir su casta torera, en verónicas enrabietadas. Brindó a las juventudes por la libertad.
A su modo, cuajó faena. Sin exquisitez. Vale.
El segundo, cinqueño pasado, tuvo cierto pasar en la muleta.
Antonio Barrera anduvo firme, templado a ratos, pero nunca llegó a acoplarse. Lo peor, de él, y por él: el público tomó partido por el toro.
El quinto, cariavacado, soso. Antonio Barrera, pesado, improductivo.
El tercero, tuvo más fachada que fondo. Serafín Marín, el torero de Montcada i Reixach, anduvo precavido. Vulgar. Tras horrendo pinchazo bajo acertó al segundo envite. Penoso todo.
En el sexto, Serafín Marín., tampoco tuvo muchas opciones. Dio la sensación de cerrar otra plaza.

Ficha: Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid. Domingo 2 de Octubre. Corrida de Toros. Cuarta y última de la Feria de Otoño. Tiempo bueno y soleado; casi lleno, se lidiaron toros de Adolfo Martín, con presencia, de juego desigual.
Cartel:
Rafaelillo. Ovación. Ovación.
Antonio Barrera. Silencio. Silencio.
Serafín Marín. Silencio. Pitos.


Epílogo: Un triste y penoso final de feria. Poco toro, poco toreo. Salvó la feria la entrega heroica de Fandiño y David Mora con la imposible corrida de Gavira. El único toro de verdad se le fue a El Cid, triste torero y remató mal. Un torero triste sin remedio.


Feria de Otoño 2011. "Fueron a por todas y salieron en triunfo".

Tauromaquia.Picasso

 El torero como héroe. En este tercer festejo de la feria de Otoño anunciaron mano a mano a las dos grandes revelaciones de la temporada. Iván Fandiño y David Mora. Sus triunfos en Madrid les abrieron las puertas de la ferias donde han hecho un gran papel.. Ayer, de nuevo, en el ruedo candente de las Ventas del Espíritu Santo.
El público que llenó la plaza les recibió con una cerrada ovación al romper el paseíllo. En los corrales esperaba una encerrona de Gavira.
Fandiño y Mora vinieron a por todas, a jugarse la vida, desde el primer minuto al segundo final y salieron en triunfo. ¡Superaron con creces la encerrona! Y Madrid los despidió con otra atronadora, ovación. Mora y Fandiño ya cuentan. No perdonaron un quite, se arrimaron como fieras. Sufrieron volteretas espeluznantes. Nos pusieron los vellos de punta, la carne de gallina. La emoción de la Fiesta en su máxima expresión. La más pura. La más salvaje.
Y también hubo toreo. Mucho toreo. El primer Gavira, claudicante, fue devuelto a los corrales. El sobrero de Lozano, cinqueño, listo, vendió caras sus embestidas. Muy bien Fandiño en los lances de recibo, mejor en el quite por chicuelinas y en una media ajustada a la cadera. El torero vizcaíno, de Orduña, de origen gallego, hizo una faena templada y valiente. Un pundonor fuera de lo común para exprimir las, ásperas y escasas, embestidas del morlaco. Acabó de una gran estocada, de libro.

El tercero de Gavira, manso cinqueño y resabiado, solo permitió a Fandiño exhibir de nuevo su valor a prueba de bomba. La gallardía de torero macho que no vuelve la cara.
El quinto fue un cinqueño de 626 kilos en la balanza. Al menos se dejó en la muleta. Iván Fandiño lo entendió a la perfección. Administró alturas, tiempos y distancias. Faena de gran calidad por el temple, el sentimiento, el desgarro. También de gran mérito técnico. Se tiró a matar o morir. El torazo cayó muerto y el torero, inerte en la arena, tras la tremenda voltereta que le propinó el toro en su estertor. Se levanto Fandiño milagrosamente ileso. Una oreja y clamorosa vuelta al ruedo.
David Mora recibió al segundo –cinqueño- a portagayola. Para, ya de pie, recitar una serie de verónicas planas de temple, hondura, belleza. Con la muleta, a un toro rajado, lo toreó estupendamente al natural, que lógicamente fueron de uno en uno. En el cuarto, el torero de Móstoles, nada pudo hacer ante una mole fofa de carne.
Mora en el sexto volvió a lucir con el capote. Aires de gran capotero, de adelantar las bambas, bajar las manos y romperse la cintura. El toro en la muleta no tuvo un pase. Un pregonao. Mora, valentísimo, intentó sin logro robar algún pase del galafate. Una gran estocada y triunfal vuelta al ruedo.
Una tarde para el recuerdo. Una bella y emotiva tarde de toros, mejor dicho, de toreros. Con mayúsculas.

Ficha: Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid. Sábado 1 de Octubre. Corrida de Toros. Lleno. Se lidiaron toros de Gavira, descastados, sacaron peligro. Primero sobrero de Lozano Hermanos, manso y difícil en la muleta.
Cartel:
            Iván Fandiño. Ovación. Silencio. Oreja.
           David Mora. Silencio. Silencio. Vuelta al ruedo.
           Actuaron mano a mano.

23/10/11

Fermín Spinola



El matador de toros mexicano Fermín Spinola confirmó la alternativa en Madrid el 12 de octubre de 2011. Impactó. Fue su padrino el veterano maestro Carlos Escolar Frascuelo y testigo de la ceremonia Andrés Palacios. Los toros, salmantinos, de Valdefresno.

Fermín Spinola es un torero de alto porte, de gran empaque, lleva el temple en la yema de los dedos. El temple y el empaque tan propio de los toreros mexicanos. la elegancia, el toreo pausado, despacioso y ligado. Un toreo que se lleva en el alma, en la sangre. Alma criolla y sangre india. Un toreo bellísimo que impactó en Madrid.

Fermín Spínola tomó la alternativa en San Luís Potosí, el centro de Mexico, el 27 de agosto del año 2000, de manos del maestro potosino Curro Rivera. El testigo fue Óscar López Rivera. Su gran clase ilusionó al taurino español Jesús Gil y a su hija Eli, magnífica aficionada. Intentaron la aventura española sin éxito. La ceguera, la cicatería de los empresarios españoles le cerraron la puerta.

El tenaz torero manchego Bernardino Galán, por fin, once años después, logró que confirmase su alternativa en Madrid. Su faena al quinto de la tarde caló hondo. Emocionó, cautivó. Y aunque no es un chaval Fermín Spínola se ha convertido en la gran esperanza blanca de la tauromaquia para el año que viene.

Esperemos que no se repitan errores precedentes con toreros mexicanos. Toreros de arte excelso que apenas se dejaron ver en España. Ejemplos como los de José Órtiz, Silverio Pérez, Luis Procuna, Alfonso Ramírez el Calereso o más modernos toreros como David Silveti, Guillermo Capetillo o el singularísimo Rodolfo Rodríguez El Pana.

Un torero madrileño



Uno siempre había tenido, en el fondo, la vaga noción de que todos los toreros venían, de alguna manera, del campo. Quiero decir, que aunque les viéramos torear, bien o mal, en la plaza, detrás estaban las tardes de tentaderos en las fincas, los aprendizajes con escarcha, las carreteras de la sierra y las vacas de retienta encerradas en los corrales.

" A Antoñete no le gusta torear vacas. " - me contaba un día Jorge - "Dice que le quitan el sitio". Para añadir a continuación su célebre definición rural: " El campo es un sitio donde no hay bares". Ni tabaco, hubiera añadido el torero.

Una tarde nos invitaron a asistir a un tentadero en una finca cercana a Madrid, la de Felipe Garrigues. Iba a tentar Antoñete. Allá nos fuimos.

Situada en la carretera de los pantanos, o algo así, para los madrileños aquello ya era el campo, con jara en los tesos y huras conejiles a los lados del camino de tierra. Para mí, que venía esos días de la raya de Portugal, aquello era un paisaje suburbano, donde aún perduraba el recuerdo de Madrid, a lo lejos,  y las urbanizaciones cercanas que habiamos cruzado, pasado Brunete.

Para Antoñete debía de ser Finisterre, creo. Sentado debajo del palco, en una cómoda terraza junto a su mujer francesa, apenas prestaba atención a los preparativos de la tienta, ni a los invitados, numerosos, que iban llegando a ella. Sentado con nosotros, se puso a hablar con Jorge de toreros madrileños, de su cuñado Parejo, del clasicismo de Rafael Ortega y terminamos hablando de Curro Vázquez. De quién si no.

No recuerdo a Antoñete tentando esa tarde. Debió de durar poco. El ganadero y otros invitados se hincharon a torear, sin embargo. Sentado de nuevo bajo el palco, el torero miraba a no sé dónde y semejaba compartir el profundo aforisma de Jorge. El campo es un lugar donde no hay ni calles.

Todo era urbano en el toreo, y en la figura  de Antoñete. Desde su nacimiento, en el barrio de las Ventas del Espíritu Santo, sus primeros pasos en los corrales de la plaza, hasta su historia, que se relaciona con la posguerra de una ciudad, Madrid, y las penurias de una familia que había sido republicana en la urbe.

Cuentan por Salamanca que alguno le vio tentar de joven en San Fernando o en Linejo. Puede ser. Pero cuentan muchos más aficionados que la otra noche le vieron en un bar de la Avenida de los Toreros, donde diversos genios del toreo cerraban las persianas primero, el local después.

Madrid era su plaza. Lejos de Madrid no hay tabaco, ni calles, ni tranvías, ni nada. Torear vacas embrutece, el invierno en el campo está lleno de escarchas, y hielos, y caminos sin asfaltar, y tanto tentadero sólo amanera, cuando luego sale el toro de verdad, ya en plena temporada, en plazas con autobús, calor y moscas.

Y así, cuando salía el toro en plena temporada - y normalmente salía en la plaza de Madrid - el torero toreaba. Sin pruebas, en la justa distancia, sin ningún amaneramiento, sin alardes. Y el toreo se hacía sencillo, breve y necesario.

Luego, ocurrieron las faenas memorables, las temporadas en blanco, las retiradas, los viajes a América, las reapariciones, el tabaco. Y la magia de unas tardes en las que, - junto a Manolo Vázquez, que también regresaba de antaño, - descubrimos que el toreo era tan natural, y tan emocionante, y tan largo como lo hacía Chenel.

Claro, que para eso había que no tentar en invierno. El campo, sin bares y sin tabaco, quedaba muy lejos.

Vicente Llorca.

10/10/11

La feria de otoño. Madrid 2011.



Ficha: Plaza de Toros de las Ventas Madrid. Jueves 29 de septiembre. Novillada. Se lidiaron 6 novillos de Gabriel Rojas. Con presencia, bajos de raza, nobles en general, destacó el sexto con calidad en la muleta.

Novilleros. Francisco Montiel: silencio y pitos tras oír los tres avisos. Novillo al corral.
Alberto Durán: silencio y silencio.
Víctor Barrio: silencio y oreja.

El banderillero Antonio Cama herido muy grave. Miguel Martín destacó en banderillas y sobre todo en la lidia del sexto.

VICTOR BARRIO TRIUNFÓ A LEY


El primer festejo de la feria de Otoño fue acorde con la mezquindad del cartel. Es absurdo dejar fuera del Examen final a los dos novilleros/as que más han impactado en la temporada. El mexicano Sergio Flores, la murciana Conchi Rios. El segoviano Víctor Barrio, con una buena actuación en el sexto, salvó la tarde.

Víctor Barrio es un novillero espigado, con personalidad y buen concepto. El tercer novillo tuvo mucho que torear. Barrio no apostó y el trasteo resultó deslucido. La faena al sexto la comenzó de rodillas en los medios. Una vez de pie sacó varias tandas de derechazos soberbios. Templado, erguida la figura, baja la mano. Buenos naturales sueltos –no hubo ligazón - y adornados remates. Alargó un poco la faena y sobraron las manoletinas de rodillas. Una buena estocada puso en sus manos una merecida oreja. Triunfo de ley de un novillero de valor seco, algo frío de expresión, que ya anda en matador de toros.

El zamorano Alberto Durán tiene valor y manejó muy bien el capote, le falta personalidad y sus dos trasteos no alcanzaron eco en los tendidos.

El novillero de Cieza (Murcia) Francisco Montiel –pasadito- no justificó su comparecencia. Tardó en ver el buen pitón izquierdo del primero y no fue capaz de matar al cuarto novillo que volvió vivo –y con una estocada dentro- a los corrales.


                              



Ficha: Plaza de Toros de las Ventas Madrid. Feria de Otoño. 30 de septiembre. Corrida de Toros. Se lidiaron 5 toros de El Puerto de San Lorenzo. Con pocas fuerzas y justos de raza. Salvo el cuarto de extraordinaria clase, ovacionado en el arrastre. Sexto, sobrero de los Bayones, manso y flojo.

Cartel. El Cid: Silencio. Ovación.
Sebastián Castella: Silencio. Pitos
Miguel Ángel Perera: Silencio. Silencio.

EL CID FALLA –POR ENÉSIMA VEZ- A ESPADAS


El segundo festejo de la feria de otoño transcurrió tedioso con toros sin intención de embestir y toreros atorados, sin ideas. Menos mal que el cuarto de nombre “Pampito” nos sacudió el sopor con su magnifico juego, sobre todo en la muleta.

El Cid con su flojo primero no hizo nada con el capote y tiró líneas con la muleta. Aburrido. En el cuarto cumplió con el capote. Con la muleta hubo empaque y desmayo en algunos derechazos pero no estuvo a la altura de la noble embestida del encastado toro de El Puerto, y con la espada un mitin. Madrid, esta vez, no pudo premiar a “su muy consentido” torero.

Sebastián Castella pareció cansado, sin ideas, en dos faenas sin relieve a dos toros de nula condición para la lidia.

Miguel Ángel Perera estuvo templadito en el tercero en una faena sin emoción ni eco en la que recorrió muchos y diversos terrenos a donde no le llegó la inspiración. Con el manso sobrero de los Bayones, otra labor sin sabor ni color.

En fin que vimos pasar por Las Ventas como diría “Timbales” a Tileno, Bertoldino y Carcaseno.



 (fotografías antonio novillo@copyright)






4/10/11

Toros y toreros

Antoñete




El maestro Antoñete había cruzado España de este a oeste. De Hellín a Badajoz. Atrás quedó el glorioso torero de 1985 y su emotiva -segunda- retirada en Las Ventas. Corría marzo de 1987 cuando volvió a los ruedos para atravesar la piel de toro. "Me encuentro bien, he descansado dos años; pienso que no debí retirarme en mi mejor momento, por eso vuelvo". Antonio toreó en 1987 unas cuantas corridas. Hizo una campaña corta, gris, opaca. Volvió, descansado, el torero de los años negros, al que seguía un puñado pequeñito de incondicionales. A los dioses del toreo no les sienta bien el descanso. Por lo que en 1988 decidió seguir. En Madrid, en su plaza de Las Ventas, junto a Curro Romero y Manili.
De nuevo la verónica, honda, rotunda, clásica. La media tan suya; verónica sobria y recargada a la vez. Y con la muleta, la distancia -el cite de lejos-. El terreno, eso de torear entre las rayas de picar, y el temple. Despacio, la mano baja, el redondo fluido. El natural largo, tan largo, que cuando remataba nadie se acordaba del comienzo. Y el de pecho obligado, sin ratimagos, de pitón a rabo.
La tauromaquia de Antoñete: la trinchera, el trincherazo, el ayudado por bajo, rodilla flexionada. Aquella rodilla que Joaquín Vidal proclamó monumento nacional. El molinete, los cambios de mano, el pase del libro... La maravilla del toreo accesorio que en Chenel se convierte en fundamental. La fusión del clasicismo castellano y rondeño con el barroco de Triana. Cayetano, Pedro Romero y Belmonte. Grandeza de un creador. Volvió Antoñete, tras cruzar España, cansado como un dios del toreo, para dictar su penúltima lección magistral. Cosas de torero.
Jorge Laverón (El País, 11.05.2007)

 

Silverio



Silverio Pérez ha sido el torero que mejor ha representado el alma mexicana. Silverio era un indio puro y un torero que transmitía la indolencia, la apatía, de su raza vencida. Cagancho, el maestro gitano, influyó mucho en México, Silverio asimiló el empaque, la dejadez del torero de Triana. El toreo de Silverio fue una confluencia de indio y gitano. Por eso le llamaron el Faraón de Texcogo. A Silverio como representante del alma mexicana le cantó el gran Agustín Lara, pero también el singular artista cubano Bola de Nieve.
Silverio Pérez en España dejó contadas muestras de su arte. Toreó poco -con regular éxito- y además lo impidió la guerra. En México Silverio fue el rival más serio que tuvo Manolete. Rivalizaron, se admiraron e intercambiaron conocimientos.
Igual que Joselito el Gallo aprendió de su rival Belmonte, y éste de José. Manuel Rodríguez, el gran califa cordobés de la posguerra, captó el temple y el elegante desdén de Silverio. El mexicano asumió de Manolo, el toreo de cercanías, el esteticismo, el pundonor. Aquel no dejarse ganar la partida. El grito del pueblo mexicano cuando Silverio y Manolete iniciaban el paseíllo en la México: ¡Silverio no te rajes! No lo hizo. Cortó el rabo.
Artículo de Jorge Laverón publicado en El País el 21.05.2007

 

Alfonso Merino



Madrid, tierra de toros, es también cuna de grandes toreros. Raros, urbanitas, bohemios, elegantes. Un artista único y genial fue Alfonso Merino.
Los más viejos del lugar recuerdan la figura sin par de Alfonso, el torero del barrio de Pardiñas. De su inmensa torería transmitida de boca a oreja, los jóvenes aficionados tienen a Merino como un héroe, un mito. Vieja leyenda.
Fue en la vieja plaza carabanchelera de Vista Alegre donde Alfonso Merino se reveló. Toreó con una pasmosa suavidad. Un temple mágico unido a un empaque desconocido. Torear despacio, acompasado, erguida la figura. Sin tensión, ni crispación. Natural. Hondo.Profundo.
En un suspiro Merino hizo plaza en Las Ventas: cada novillada, un lleno, un clamor, una expectación, una decepción y otra. El arte puro, la bohemia. "En los campos están comiendo los que van a pagar esta juerga". El 29 de abril de 1956, tarde de confirmación de Marcos de Celis, el genial torero palentino, con Juan Posada, cabeza de cartel, Alfonso Merino cortó las dos orejas. Puerta grande, la puerta de la gloria. No pudo ser. Una grave cornada.
En la barra-barrera de la Cervecería Alemana, estaba el hombre, el torero. Alfonso Merino.
Jorge Laverón (El País 25.05.2007)
Foto: Manón