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7/3/14

Sánchez Bejarano, torero de culto





Agapito Sánchez Bejarano (Colmenar de Montemayor, Salamanca, 1944) es torero de culto. Un torero para el recuerdo. Una pasión. Magnífico con el capote, torero de muñecas “partías”. Profundo, hondo muletero. Y sensacional con la espada. Un gran artista en el más amplio sentido de la palabra.

Un torero que no llegó a figura –ni falta que le hizo– y que hay que rescatar del olvido. Su empaque y torería son motivos suficientes para llenar páginas de la historia, de una tauromaquia que él hizo grande.

De novillero deslumbró en Madrid. En Las Ventas se presentó el 19 de marzo de 1967 y cortó una oreja. Repite el 1 de mayo y corta una oreja de cada uno de sus novillos con la plaza casi llena. El jueves 4 de mayo con novillos de Murteira Grave corta una oreja del segundo y las dos del quinto. Un triunfo irrebatible. Seis orejas en tres tardes, lo que le lleva a tomar la alternativa en plena feria de San Isidro, el día 20 de mayo con El Viti de padrino y José Manuel Inchausti “Tinín” como testigo. Fue ovacionado en los dos toros de Francisco Galache.

Repitió el día 25, en una corrida que pasó a la historia. Rafael Ortega, el torero de la Isla, cortó dos orejas tras realizar una de las mejores faenas que se han visto en Madrid, y Curro Romero fue detenido al negarse a matar el quinto toro. Sánchez Bejarano cortó la oreja del tercero. Vuelve a Madrid el 6 de julio para matar la Corrida de la Prensa, con Tinín y Paquirri. Cortó una oreja.

A pesar del gran ambiente que rodea al torero salmantino “sólo” torea 20 corridas en esta su primera temporada. Recuerdo la gran tarde que dio en la feria de Málaga, el 6 de agosto, con toros de Pablo Romero. Le acompañaron en el cartel Gregorio Sánchez y Miguelín, que cortó cuatro orejas y dos rabos. Agapito cortó una oreja del tercero y las dos del sexto. Aquella tarde brilló en La Malagueta el torero de singular empaque e impar elegancia, además de inspirado. Imborrable la primera faena al “pablorromero”.

De poco le valió. En 1968 Sánchez Bejarano toreó 16 corridas de toros, ninguna en Madrid. Su carácter indomable, su bohemia, su independencia y también su orgullo de torero le perjudicó.

Los mezquinos intereses del taurinismo casaban mal con la clase del torero.

En 1965 vuelve a Madrid donde toreó cuatro tardes. El 6 de abril dio una vuelta al ruedo. El día 20 del mismo mes mata toros de Victorino Martín. No torea en la feria de San Isidro. El 18 de septiembre torea de nuevo “victorinos” y corta una oreja al quinto, sobrero de María Cruz Gomendio. El 28 de septiembre toreó de nuevo, esta vez, toros imposibles de García Romero. Acabó la temporada con doce corridas toreadas.

A Madrid no vuelve hasta 1972. En 1970 toreó 8 corridas y 6 el año siguiente. Para colmo sufrió graves percances. En 1972 torea en Madrid el 7 de mayo y corta las dos orejas del cuarto toro perteneciente al Conde de Ruiseñada. Es una de las mejores faenas de la temporada en Madrid. No torea en San Isidro al estar cerrados los carteles, pero sí torea cuatro tardes más. El 9 de julio cortó una oreja de a un toro de Miguel Zaballos, el 16 mató toros de Cuadri. El 6 de agosto triunfa –una oreja– con toros de Moreno Yagüe.

Toreó en la por entonces muy prestigiosa plaza de San Sebastián, en la Semana Grande donostiarra y corta dos orejas a un pablorromero el día 10 de septiembre. Torea en Madrid y da una vuelta al ruedo. Ese año suma 14 corridas.

En 1973 torea 12 corridas, cinco de ellas en Madrid. El 22 de abril la primera, con reses murubeñas de Félix Cameno. En San  Isidro torea el 31 de mayo, toros de Miura. El 18 de julio hace una gran, grandiosa, faena a un toro del Marqués de Albaserrada. Cortó una oreja, que debieron ser dos. Esta faena la brindó al público desde los medios con una especial dedicatoria a la andanada del ocho.

Fue una faena de arte –sobre todo con la izquierda–, valiente, era un torazo el del marqués, y dominadora –casi toda fue en los medios. Junto a la del toro de Ruiseñada, la mejor de Agapito en Madrid. El 16 de septiembre toreó la corrida a beneficio de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por la del Montepío. Alternó con Antoñete y Dámaso Gómez y toros de Murteira Grave. Dio la vuelta al ruedo en el sexto. El domingo siguiente, 23 de septiembre, cortó una oreja a un toro del Pizarral.

Hasta seis tardes toreó en las Ventas, en la ya “su plaza de Madrid”, en 1974.
Siete corridas toreó este año. Comenzó la temporada el 14 de abril. Toreó en la feria de San Isidro el 13 de mayo –toros de Bohórquez y Andrés Hernando– el torero segoviano, ya de retirada, y el valiente torero de Cuenca Curro Fuentes. Bejarano dio la vuelta al ruedo a la muerte del segundo. El 21 de julio cortó su última oreja en Las Ventas, a un toro encaste Vega-Villar de Justo Nieto. Faena en la que volvió a brillar su extraordinaria calidad, su empaque, su clase. Toreó de nuevo el 28 de julio, el 1 de septiembre y el 27 del mismo mes.

Comienza, a pesar de sus incontables detalles, una larga decadencia. Torea muy poco y Madrid –siempre Madrid – es su único refugio. En 1975 torea cuatro corridas, las cuatro en Las Ventas, y sin ningún éxito. Mató toros de Victorino Martín en la feria de San Isidro junto a Dámaso Gómez y Miguel Márquez.

En 1976 torea dos corridas, una en Madrid el 25 de abril. En 1977 no torea.
En 1978 torea seis corridas, cinco en Las Ventas. Reaparece el 7 de mayo ante toros de Campos Peña. Vuelve a torear el 18 de junio ante terroríficos toros de Luciano Cobaleda. El 16 de julio da una vuelta al ruedo, tras una faena de su corte, de su buen corte, elegante trasteo –sin ligazón por la condición del toro de Camaligera– culminado de excelente estocada.
El periodista José Luis Ramón –admirador confeso de Bejarano–  lo describe así: “En la suerte suprema era un auténtico artista. Recuerdo su seriedad en la preparación, cómo adelantaba la muleta y la pierna, cómo daba el pecho y, finalmente, cómo se reunía con el toro, con auténtica clase”.

Volvió el 20 de agosto y cerró la temporada el 15 de octubre. En estos últimos festejos se vio a Sánchez Bejarano con el ánimo decaído. 1979 fue su última temporada como matador de toros en activo. Toreó una sola corrida, por supuesto en Las Ventas, y por supuesto con una ganadería difícil, sin garantías, como era la de García Romero. El festejo tuvo lugar el 7 de octubre y el cartel lo completaron los modestísimos “Rayito de Venezuela” y Curro Méndez.

Sánchez Bejarano comenzó a torear de becerrista en 1962. En 1963 debutó con picadores en Navalcarnero (Madrid). En estos primeros años fue su mentor Pepe Mirabeleño, el padre del gran torero Juan Mora, y luego le apoderó Manolo Escudero, el torero madrileño, artífice del toreo a la verónica.

De Manolo Escudero hereda Bejarano la magia de su verónica y también su elegancia, su estética, su extraordinaria majestuosidad con la muleta. Bejarano, Agapito Sánchez, nacido en Colmenar de Montemayor, pueblo serrano, cercano a Béjar, el taurinísimo
 Béjar, del que tomó su nombre, se hizo torero en tierras cacereñas.

En 1965, el 5 de septiembre, cortó un rabo en Valencia. En 1966 toreó 35 novilladas y deslumbró en Sevilla el 11 de septiembre, la tarde de su presentación, en la que cortó las dos orejas a un novillo. Luego, al año siguiente, 1967, vino lo de Madrid.

A lo largo de su carrera como matador toreó 35 corridas en Las Ventas y cortó diez orejas. En el recuerdo quedaron, como también aquella de Málaga, la bella, y aquella otra en el viejo coso de “El Chofre”, en San Sebastián, la “bella Easo”, y ambas fueron con toros, bellos toros de Pablo Romero.

Recuerdo también con especial emoción un festival en la madrileña plaza de Vista Alegre, barrio de Carabanchel. Cortó dos orejas tras magistral faena. El festejo celebrado el 25 de octubre de 1977 fue a beneficio del sindicato Comisiones Obreras. Tiempos difíciles, pero allí estaba el hombre acostumbrado a toros difíciles, y a tiempos difíciles, a dar la cara, como siempre, allí estaba el hombre, el hambre y el torero, ¡el gran torero!

Agapito Sánchez Bejarano ha sido uno de los toreros de mayor calidad estética de su época. Por eso, sólo por eso, tiene escrita una página con letras de oro en la historia del toreo. Sí. En la historia del toreo.

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